El Museo de Bellas Artes de Sevilla prepara una exposición sobre Juan de Mesa para finales de este año
El Museo de Bellas Artes de Sevilla prepara para final de 2026 una gran exposición retrospectiva sobre Juan de Mesa, que pretende contar con piezas de primer nivel del imaginero, motivo por el que se encuentran actualmente en periodo de negociación con los propietarios de las imágenes, ya sean hermandades, entidades o museos, para la cesión de las obras del artista cordobés,
Juan de Mesa y Velasco nació en Córdoba, trasladándose en el año 1606 a Sevilla, donde ingresa en el taller del entonces ya afamado escultor Juan Martínez Montañés, con quien firma un contrato de aprendizaje de cuatro años. Desde 1615 disponía de taller propio en la collación de San Martín y contrataba sus propias obras, creando para Sevilla lo mejor de su valiosa producción artística, en una vida profesional intensa pero corta, ya que murió con cuarenta y cuatro años de edad, víctima de la tuberculosis.
La actividad artística documentada de Juan de Mesa abarca sólo doce años, que su biógrafo Hernández Díaz dividió en cuatro períodos: el trienio inicial (1615-1618), el lustro magistral (1618-1623), paréntesis expectante (1624-1626) y bienio final (1626-1627). En ese tiempo, Mesa apenas intervino en el diseño y la construcción de retablos. Se conocen los contratos del retablo mayor de la iglesia del hospital de San Bernardo en 1618, de un retablo de San Juan Evangelista para la iglesia del desaparecido convento de las Vírgenes en 1623, y de un retablo, quizá el mayor, de la iglesia del convento de Santa Isabel en 1624, además de un sagrario para el retablo principal del convento de San Antonio de Padua en 1619.
Sus obras incluso superan el clasicismo de raigambre italiana de su maestro Montañés y son la máxima expresión del “pathos” en la escultura barroca sevillana. La tensión emotiva y el aliento devocional se han mantenido a lo largo de los siglos, como ejemplifica Jesús del Gran Poder, el Señor de Sevilla. Heliodoro Sancho Corbacho calificó a Mesa “el imaginero del dolor” y Hernández Díaz aludió al Cristo del Amor como “verdadero Laocoonte cristiano”.
De la obra del escultor cordobés destacan el Cristo del Amor (1618-1620), el Cristo de la Conversión del Buen Ladrón (1619-1620), el Cristo de la Buena Muerte de la capilla de la Universidad de Sevilla; el Cristo de la Buena Muerte (1621), de la catedral de Madrid; el Cristo de la Misericordia (1622), el Cristo de la Agonía (1622), de la parroquia de San Pedro en Vergara (Guipúzcoa); el Cristo de la Buena Muerte (1622), de San Pedro y San Pablo en Lima (Perú), el Cristo de la Misericordia (1623), de de Osuna (Sevilla), el Cristo de la Vera Cruz (1624), de Las Cabezas de San Juan (Sevilla); el Cristo de la iglesia del convento de Santa Catalina de Siena en Lima (Perú) (1626).
En cuanto a Nazarenos se trata, talla a Jesús del Gran Poder y a San Juan Evangelista, ambos en la basílica de Jesús del Gran Poder y Jesús Nazareno (1621-1622), para la iglesia del convento del Espíritu Santo en La Rambla (Córdoba). La Piedad, su obra póstuma, para el grupo de las Angustias (1627), de la iglesia del convento de San Pablo en Córdoba y Hernández Díaz, basándose en las evidentes analogías con el Cristo descendido de Córdoba y con el Cristo de la Buena Muerte de la Universidad hispalense, atribuyó a Mesa el Cristo Yacente de la iglesia de San Gregorio de Sevilla, situándolo en una fecha cercana a la del Crucificado universitario.
En cuanto a imágenes marianas se trata, es el autor de la Virgen del Socorro (1620), de la iglesia del Salvador y la Virgen de las Cuevas (1623-1624), del propio Museo de Bellas Artes de Sevilla, mientras que de su producción hagiográfica, realizó a San José con el Niño (1615-1616), de Fuentes de Andalucía (Sevilla), San Blas (1617), para el monasterio de Santa Inés; San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier (1622), de El Puerto de Santa María (Cádiz) y San Juan Bautista (1623-1624) y San Ramón Nonato (1626), también del citado mueso sevillano.